Cómo leer y por qué Harold Bloom

Título Cómo leer y por qué
Autor Harold Bloom
Editorial Anagrama
Año 2005
Páginas 307


”El día es breve y el trabajo es grande, y los peones son lerdos, y los salarios abundantes, y el dueño de la casa es exigente. No es necesario que acabéis el trabajo, pero ninguno es libre de abandonarlo”

Rabí Tarfón

Comenzamos valorando una obra de uno de los mayores críticos y teóricos literarios del siglo XX de Estados Unidos. Harold Bloom nos propone en este ensayo una reinterpretación de los motivos que nos impulsan a leer y cómo cree que es la forma más correcta de leer dichas obras.

La introducción es una auténtica declaración de intenciones: desecha desde el principio las visiones de la literatura como transformadora social que se atiene a causas universales de justicia o moralidad. Para Bloom, no existe otro acercamiento a la literatura que no sea individual ni responda a causas puramente personales.

”No es posible encender la vela que ilumine a nadie más”

La obra se divide en cinco apartados (cuentos, poemas, teatro y novela, esta última dividida en dos partes) donde escoge las obras más representativas de cada género y las desgrana paulatinamente tratando de responder a la pregunta de cómo leerlas correctamente y por qué merece, a su parecer, la pena leerlas.

Respecto a los cuentos, los autores elegidos son Turguéniev, Chéjov, Maupassant, Hemingway, O’Connor, Nabokov, Borges, Landolfi y Calvino. De todos ellos, destaca por encima a Antón Chéjov, el cual creó una tradición seguida por la mayoría de cuentistas contemporáneos basada en la confianza de la realidad y la existencia ordinaria. Por contra, Kafka y Borges inauguran otra tradición paralela medio siglo después fundada en la fantasmagoría, que va más allá de lo vivido y no se lamenta por lo no ocurrido. La valoración general es que todos los buenos cuentos merecen una reelectura atenta.

El apartado de los poemas es el que quizás merece más atención. Al contrario de lo que hará con el resto de géneros que son ordenados cronológicamente, los poemas se agrupan por temas. Los poetas escogidos son Blake, Browning, Whitman, Brontë, Shakespeare, Milton, Wordswoth, Coleridge, Shelley y Keats. Todos ellos son anglosajones y orbitan sobre Shakespeare, esquema que utilizará durante el resto de la obra.

”La poesía es la culminación de la literatura de invención, a mi juicio, porque es una forma profética”

El teatro es el género al que menos atención dedica. Atiende únicamente a las figuras de Shakespeare, Ibsen y Wilde. El estudio de Hamlet es el más amplio de todo el libro en comparación con los de Hedda Gabler y La importancia de llamarse Ernesto.

La novela, que como género anuncia Bloom que está a punto de desaparecer, es divida en dos apartados. En el primero se incluyen a los clásicos europeos, Cervantes, Stendhal, Austen, Dickens, Dostoievski, James, Proust y Mann. De Cervantes y su obra Don Quijote de la Mancha dice: ” es la primera y más original novela nunca escrita, el único comparable a Shakespeare”. Las obras del resto de autores son analizadas bien por la temática que tratan, el estilo utilizado o los personajes principales, siempre en continuo contraste con Shakespeare, punto de referencia para cualquier comparación.

La segunda parte de las novelas está centrada únicamente en autores estadounidenses, partiendo de Melville como creador de un estilo y una tendencia determinada y seguido por Faulkner, West, Pynchon, McCarthy, Ellison y Morrison. Al igual que hizo en las ocasiones anteriores con Shakespeare, ahora estudia las obras de los estadounidenses a partir de Melville y su influencia en la creación de una cosmovisión determinada para el pueblo norteamericano. De tal modo, este apartado es acompañado de numerosas reflexiones y opiniones sobre la idiosincrasia de EEUU como nación.

”Sólo un puñado de estadounidenses no cree en Dios, y sólo un puñado de los que creen no están convencidos de que Dios los ama de un modo personal e individual”

En resumen, las pretensiones de Cómo leer y por qué son buenas, apostando por una suerte de didáctica personal del libro con el autor, una visión fresca sobre las formas y modos de relacionarnos con la literatura y cómo esta puede llegar a ser realmente útil para nosotros, haciéndonos mejores personas. Sin embargo, considero que la elección de los autores no es del todo afortunada, ya que si parte de la noble tarea de comparar literaturas del todo diversas, centrar su estudio en la literatura Occidental recorta bastante el campo de observación, y todavía más si la mayor parte de los autores son de habla inglesa, dejando de lado a numerosos alemanes, italianos, franceses, españoles, portugueses, rusos y hasta si se quiere, polacos.

Del mismo modo, el sabor general que deja la obra es de un cierto partidismo que tiene más de preferencia personal que de estudio serio. Su pasión por Shakespeare, del todo comprensible, empaña los estudios del resto de autores, ninguneados por el Bardo de Avon.

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