El cinematógrafo – Azorín

Título El Cinematógrafo: artículos sobre cine y guiones de películas (1921-1964) 

Autor Azorín (José Martínez Ruiz)

Editorial Pre-textos

Año 1995

Páginas 339


Este libro ha sido para mi, ante todo, una grata sorpresa. La presente obra que nos trae la editorial Pre-textos reúne decenas de artículos que Azorín publicó durante las últimas décadas de su vida, especialmente durante los años cuarenta y cincuenta del siglo XX, todas ellas con el tema central del cine.

El que fue compañero y guía de la Generación del 98 desvela a lo largo de estas páginas sus impresiones sobre las películas que iba viendo en los cines madrileños de posguerra. De vez en cuando, se detiene en breves y estoicas reflexiones sobre el nuevo arte que sobreviene. Su estilo es fiel reflejo de su personalidad: sereno, pausado, ni altivo ni pesimista, descriptivo y preciso, aderezado de tanto en cuanto con alguna opinión que por lo general es educada y respetuosa. Su testimonio, hoy olvidado, y por tanto perdido para la mayoría de los historiadores del cine, se revela como fundamental para comprender el ambiente que inundaba las múltiples y abarrotadas salas madrileñas días y tardes, más como subterfugio de un pesimismo generalizado en una sociedad desgarrada por una Guerra Civil que por fines lúdicos, pero como apunta Azorín, en los últimos años de la década de 1950, el público español demandaba cine, y del bueno.

‘’No podré decir donde encuentro mayor goce estético, si en el libro, si en la película. Temo declararme:  no quiero escandalizar a nadie si digo que el goce, en la película, me llena más que el hice en el libro. He leído muchos libros; he estado leyendo desde hace setenta y tantos años; no es extraño que ahora me entregue a las películas. Dicen que el cine es el séptimo arte; yo digo , sin embargo, que es el primero’’.

Cuando los productores de cine de la capital advirtieron del entusiasmo del literato por el cinematógrafo (como él quiso llamarlo desde el principio), se pusieron de acuerdo para tenerle guardada siempre una butaca. ‘Prefería ir de día’, una o dos películas por la mañana, y dedicar la tarde ‘a la charla o la lectura’. Los artículos más interesantes, en mi modesta opinión, no son aquellos en los que valora y critica tal o cual película, sino en los que reflexiona sobre el cine, la sociedad, las posibilidades estéticas que brinda esta nueva tecnología. En definitiva, cuando opina abiertamente, cuando expone sin ambages:

‘’Los puristas del cine quisieran darnos el cine extranjero en rama, el cine sin manipulaciones, el cine sin doblajes. Es el suyo un ideal loable: pero imposible. No podemos imaginar a un espectador, en un pueblo cualquiera, contemplando una película sin doblaje, en inglés, en francés, en japonés, en una lengua de exrtranjis. No serviría de nada la palabra, y sin embargo, estaríamos oyendo -no digo escuchando- un sonsonete interminable. Los letreros pasan vertiginosos. ¿Los leemos? Perderemos entretanto un gesto, un ademán un incidente curioso. ¿No los leemos? Nos extraviamos en la maraña de la fábula. La voz es necesaria; el tono, las inflexiones, tienen su expresividad, su elocuencia, que nos hechizan. Necesitamos voces que comprender; nos las da el doblaje. Creo que casi todos doblamos todos los días. No leemos la Biblia en hebreo, ni la Odisea en griego, ni Los hermanos Karamazov en ruso; apelamos al doblaje. Leemos todos estos libros -si no sabemos un idioma original, que no lo sabremos- en un castellano más o menos puro. No seamos perfeccionistas a ultranza’’.

Se trata de una auténtica perla dentro del panorama cultural español de mitad de siglo.

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Extraños en un tren – Patricia Highsmith

Título Extraños en un tren

Autor Patricia Highsmith

Editorial Anagrama

Año 1988

Páginas 282


“Cualquier persona es capaz de asesinar. Es puramente cuestión de circunstancias, sin que tenga absolutamente nada que ver con el temperamento. La gente llega hasta un límite determinado… y sólo hace falta algo, cualquier insignificancia, que les empuje a dar el salto. Cualquier persona.”

Un clásico de la novela de intriga, una de las primeras novelas de la autora, publicada por primera vez en Estados Unidos en 1950 y adaptada a la gran pantalla tan solo un año después. Cualquier sinopsis de Extraños en un tren le contará al lector que se trata de un crimen perfecto, dos totales desconocidos se encuentran en un tren y uno de ellos le propone a otro un plan infalible, cada uno se encargará de asesinar a la persona a la que otro quiere ver muerto, sin móviles, mientras el otro está fuera de la ciudad. Sin duda este es el punto de partida, pero la señorita Highsmith no se queda en un simple asesinato, sino que lo utiliza como excusa para hacer una profunda reflexión sobre la moral, sobre el ser humano y sobre los instintos más básicos de cada hombre.

La autora nos presenta a dos personajes totalmente antagónicos, hace un retrato del bien y del mal, de lo moral y de lo inmoral, sobre los instintos, el dejarse llevar y sobre el actuar cómo los demás esperan, y la reflexión final es que estos polos opuestos, así como ambos personajes,  están mucho más cercanos de lo que cualquiera pudiera imaginar, el mensaje es claro al final de la novela, que introduce al lector directamente en la piel del personaje principal.

Nos encontramos con capítulos no muy largos y con diferentes narradores, principalmente los dos protagonistas pero también algunos narrados desde el punto de vista de personajes más secundarios. En cuanto al estilo, la novelista no se pierde en largas descripciones si no es estrictamente necesario para la trama, el punto fuerte son sin duda los diálogos, claros y concisos pero no por ello carentes de simbolismo, y es en esos diálogos más que en las acciones o en las descripciones donde se deja ver la forma de ser de cada personaje. No consta de muchos personajes, sin embargo todos están perfectamente definidos y es fácil entender su carácter por pocas que sean las pinceladas que se dan sobre ellos. Los hechos suceden rápidamente, sin que dé tiempo a que la novela decaiga en ningún momento, y aportándole a la novela muchas veces un ritmo un tanto frenético.

En definitiva, se la recomendaría a cualquiera, con un estilo muy propio, es una novela que atrapa y no deja en ningún momento de sorprender, hasta el segundo final, fácil de leer y adictiva, es poco probable que deje a nadie indiferente.

Por Lorena Martínez Fernández

El cine: ¿muerte o transfiguración? – Antonio G. Ruiz Jiménez

Título El cine: ¿muerte o transfiguración?: la disolución de lenguaje cinematográfico en el universo audiovisual
 
Autor Antonio Gabriel Ruiz Jiménez
 
Año 2005
 
Editorial Comunicación Social
 
Páginas 209

Hoy prestamos atención a un ensayo que por la temática tratada ha dejado de estar de actualidad desde hace una década, pero que sin embargo podemos sacar provecho para entender la situación del mundo audiovisual en el presente.
Antonio Ruiz Jiménez recoge en estas páginas el estado de la cuestión sobre la relación del cine y del mundo cinematográfico con el universo del video, destacando un cambio de tendencia que desde finales de la década de los ochenta y principios de los noventa tuvo lugar en Occidente. Las salas de cine y su proyección de películas sufrían una aparente crisis, donde los más agoreros no tardaron en anunciar a bombo y platillo la muerte del cine tal y como nació de manos de los hermanos Lumière en 1895. 
El libro en cuestión es denso, especialmente el primer capítulo, ya que responde no a un intento estético sobre la historia del cine sino al intento de responder a una serie de preguntas tales como ¿Ha cambiado realmente el cine en tanto estética antes de la llegada de otros medios de difusión como el video y la cinta VHS? (En el momento en que se publicó el libro, el DVD no tenía apenas importancia). ¿Realmente se consume menos cine hoy en día que en las últimas décadas, o sólo ha cambiado la forma de visualizarlo, manteniéndose en forma y fondo inalterable?. Las respuestas dadas por Antonio Ruiz Jiménez son meramente técnicas, basadas y contrastadas con numerosos datos y estadísticas de las que se vale para desechar la paja del grano de todas y tantas opiniones que se estaban vertiendo en aquel momento.
La conclusión a la que llega el escritor es clara: el cine apenas ha cambiado en su mensaje, si bien en algunos casos el cambio de soporte de visualización ha obligado a los directores y a la industria a ajustar planos, guiones y secuencias completas, en general se ha mantenido el mismo gusto y valor de antaño. 
Segundo, lo que indudablemente ha cambiado es la forma en que consumimos, el público, el cine. Las películas y en consecuencia el cine, no han dejado de interesar a una sociedad a la que bombardean a diario y reclaman su atención nuevas formas de entretenimiento. Ha existido un grave descenso de asistencia a las salas del cine, pero que en modo alguno puede achacarse unívocamente a la aparición de internet o de las cintas VHS, sino que es consecuencia de un efecto múltiple entre la subida del precio de las entradas y crisis estacionarias que el sector ha sufrido, como se demuestra con datos, desde 1947. En números totales, hoy día se ve más cine que en ningún otro momento de la historia, sumando las cintas alquiladas, la asistencia a las salas de cine y las películas vistas a través de la televisión a nivel mundial. Así mismo, los únicos que habrían salido perjudicados de esta supuesta crisis habrían sido las salas de proyección, ya que los ingresos totales de las productoras han ido en aumento desde 1970. 

En conclusión, se trata de un libro conciso, un ensayo cuidado y preciso que se hace una serie de preguntas y logra responder con bastante acierto. A pesar de que los temas tratados han quedado relegados al pasado, ya que la sociedad actual ha cambiado y los problemas a los que se enfrenta el mundo audiovisual son en apariencia distintos, pueden sacarse conclusiones interesantes, tales como la existencia permanente en el sector cinematográfico de una existencia perpetua de crisis en lo que están ofreciendo al público. Si un año las recaudaciones no han sido tan cuantiosas como las esperadas o aumentan un porcentaje determinado respecto a otros años, se habla automáticamente del fin de una época, buscando culpables allí donde no los hay. Queda la sensación de que el terreno por el que se pasean todos los creadores del séptimo arte es un océano de incertidumbres.